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BASAVILBASO DEL AYER

Feliz cumpleaños Basavilbaso

06:59:21 | 30-06-20

El emplazamiento de la actual ciudad de Basavilbaso fue utilizado desde el s. XIX como punto de vigilancia y observación por su altura (62 msnm), que supera a casi todas las aledañas por encontrarse en la cima de la Cuchilla Grande. Existían pequeños grupos poblacionales dispersos en el área adyacente al actual ejido urbano: el campamento militar, sobre el arroyo Calá, que se remonta a la época del general Francisco Ramírez y que se recuerda con un monolito, visible cerca del Cementerio de Rocamora; la estancia de Manuel Basavilbaso que, según se dice, tenía un puesto exactamente donde hoy se levanta el pueblo; el «pueblito de los Antivero»; la estancia de María de la Paz Rodriguez de Zamarripa sobre el arroyo de la Cruz, etc. El paraje se denominó Basavilbaso desde el s. XIX.

 

En el año 1880 se radica en la zona llegados de Italia Giuseppe Alberto Bellingeri, su esposa Francesca Romagnoli; y sus hijos Carlo Alberto y Alejandrina. Comienza a trabajar como puestero de la Estancia de Basavilbaso, en lo que hoy es la intersección de las calles Justo José de Urquiza Y Belgrano. Giuseppe Bellingeri luego le compra esa parcela a Basavilbaso, y en ese lugar construye su casa, comenzando a trabajar con la primera pulpería y posta de la zona (fue la primera casa de la ciudad), cuando cominzan a cruzar los trenes les suministraba la leña para las máquinas. Pasado los años Basavilbaso le vuelve a comprar (a punta de revólver) nuevamente la citada parcela. Giuseppe fallece en el año 1902. Además se sabe de la existencia de una «gran palmera» que servía como punto de referencia a los viajeros y que estuvo en pie hasta 1948.

 

Un gran impulso estuvo dado por la Ley de 1883 de construcción del Ferrocarril Central Entre-Riano. Este ferrocarril debía partir de Paraná, pasar por Nogoyá, llegar a Rosario del Tala y desde allí saldrían ramales a Villaguay y Concordia, por el norte y Concepción del Uruguay por el este. Pero el proyecto que convertía a Rosario del Tala en punto de transferencia de las diferentes líneas fue desechado por inconvenientes técnicos.

Como debido a la autonomía de las locomotoras de la época se construían estaciones cada 10 ó 15 km, finalmente se decidió que los ramales para el norte, el este y el nuevo para el sur (hacia Gualeguaychú) se iniciarían en una Estación, ubicada en el km 222,445 llamada «Gobernador Basavilbaso» en honor a Clemente Basavilbaso (1841-1907). Clemente Basavilbaso era Vicegobernador de Manuel Crespo y al morir éste asumió la Gobernación el 3 de mayo de 1887, dejándola el 1 de enero de 1891 con las obras terminadas. El nombre de la estación se adoptó por Ley el 23 de agosto de 1887.

A este punto del recorrido le correspondía una estación de 3º categoría, con un edificio de 4 habitaciones (oficina administrativa del Jefe, telégrafo, cocina y habitación de los peones) y un galpón para depósito de mercaderías, que todavía se puede apreciar frente al Edificio de Control.

 

Estación Gobernador Basavilbaso

La actividad constructiva del ferrocarril posibilitó la formación del primer grupo humano con presencia permanente en la zona aledaña a la estación Gdor. Basavilbaso; principalmente jornaleros italianos que terminaron arraigándose en los pueblos del trayecto. Este hecho queda demostrado por la gran cantidad de edificaciones con reminiscencias italianas que se pueden ver en la ciudad.
Por problemas financieros, el Estado Provincial debió transferir el ferrocarril a manos privadas y fue tomado por The Entre Ríos Railways Company Ltd., de capitales ingleses, en 1892.
La Ley del 23 de agosto de 1887 dio lugar a la celebración de contratos para realizar la traza de pueblos y colonias.
El primer proyecto fue del agrimensor público Ventura Barreiro, en septiembre de 1888. El pueblo se ubicaba al sur de la vía Paraná – Concepción del Uruguay (actuales Barrios Oeste y Estrada), con una inclinación de 45º con respecto a éstas y al norte (lo que todavía se conserva) y que según normas provinciales favorecían la irradiación solar de la planta urbana durante todo el año. Este proyecto no prosperó por la oposición de la Soc. Anónima La Agricultora propietaria de las tierras.
El Gobierno dispuso prescindir de los campos de la Agricultora y encargó otro trazado al Agr. Daniel Médus (1890). Éste repetía el proyecto de Barreiro aunque sólo en el actual B° Oeste. Pero el no concretarse ninguno de ellos, provocó la ubicación desordenada de edificaciones precarias, incluso en lo que serían las calles.
Poco después, la Jewish Colonization Association (JCA) compró los terrenos de la Agricultora y construyó casas cerca de la estación para alojar a los inmigrantes judíos traídos de Rusia antes de su inserción en las colonias. En 1902, compra además los campos de la familia Basavilbaso. La JCA comienza a vender los terrenos en 1908.
El tercer proyecto de traza urbana aparece por primera vez el 30 de diciembre de 1916 proveniente de la Secretaría de Topografía y Caminos de la Provincia de Entre Ríos para la «Junta de Fomento de Basavilbaso». Éste tenía como centro a la antigua estación (donde se encuentra el edificio de Control) y respetaba los anteriores bocetos.
En 1921, se cambió la ubicación de la estación a su actual emplazamiento y se construyó el Galpón de Máquinas para mantenimiento y reparación, lo que convirtió a Basavilbaso en un centro polarizador del tránsito ferroviario en el ámbito provincial y regional.
Como tercer eje, que ayudó a la formación de este pueblo, estuvo la «Colonización», contemplada en la Constitución Nacional de 1853 y ratificada con el establecimiento de los colonos valesanos en San José, allá por 1857, favorecida por el Gral. Justo José de Urquiza. Pero la historia de la colonización de estos «pagos» comenzó en Europa, más precisamente en Londres, un 24 de agosto de 1891, cuando el Barón Mauricio de Hirsch (1831-1896) funda la Jewish Colonization Association (JCA) con el objeto de facilitar la emigración de los judíos, que vivían oprimidos en países de Europa Central y Asia.
Gracias a la JCA comenzaron a arribar, desde 1892, miles de personas originarias de Rusia y se fundaron otras colonias (Las Aldeas San Juan, San Antonio y Santa Celia fueron fundadas por alemanes del Volga ya en 1889.)
Los motivos que traían a estas personas eran muchos: el régimen zarista, la desintegración del Imperio Austro-Húngaro, el hambre, la desocupación, la miseria, las segregaciones políticas, raciales y religiosas y ocasionaron un verdadero éxodo, en busca de un futuro mejor.
Un puñado de ellos llegó al país quizás en uno de los tantos viajes del vapor Wesser, en 1894; concretando una de las últimas actividades fundacionales del B. Hirsch.
En un campo de 40.630 ha, cercano a la estación Gdor. Basavilbaso, se instalaron las colonias Novibuco I (en el camino rural 1) y II, Ackerman I y II; más tarde denominadas globalmente las cuatro, junto a otras más: «Colonia Lucienville», en homenaje al hijo y único heredero del Barón Hirsch y la Baronesa Clara de Bischoffshein: Lucien, fallecido en 1887, casualmente el mismo año del paso del tren por Basavilbaso.
Los recién llegados construían sencillas casas de material, que aún pueden verse, rodeadas de jardines, gallineros y árboles de paraíso. Cuatro casas alrededor de un potrero central formaban la «aldea». Cultivaban girasol, alfalfa y sorgo granífero.
Estos colonos, como tantos otros llegados a la Argentina, realizaron una verdadera epopeya pues superaron barreras que parecían infranqueables: idioma, religión, costumbres, falta de recursos de todo tipo, ausencia de experiencia en las tareas rurales, ya que en sus países de origen al prohibírseles poseer tierras, se dedicaban al comercio o eran artesanos en carpintería o zapatería. Pero muy pronto adoptaron las costumbres locales y se vio convivir a los criollos junto a los Brener, los Embón, los Yankelevich, los Rabinovich, los Fistein, los Arcusin, los Efron, los Rosquin, los Bajaroff, los Kesselman, los Kleiman, los Antik, los Borodovsky, el peluquero Brunstein, el carpintero Milman, al albañil Schuskoff y los herreros Butinoff y Schein, etc. Se empezó a hablar de los «gauchos judíos» como tituló a su obra Alberto Gerchunoff (1883-1950) en el año 1910.
El mismo autor dice en su libro póstumo: «Entre Ríos, mi país» (1950):

“En aquella naturaleza incomparable, bajo aquel cielo único, en el vasto sosiego de la campiña surcada de ríos, mi experiencia se ungió de fervor, que borró mis orígenes y me hizo Argentino”-. Evocando la efectiva adaptación lograda a corto plazo y cumpliendo las palabras de la Constitución Argentina… “y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.
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