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Nace un bebé con HIV por semana en la Argentina

06:38:04 | 03-09-18

A pesar de que el acceso a la salud es gratuito en Argentina, así como el examen y los tratamientos para el VIH, tres de cada diez personas que tienen el virus en el país no lo saben y el 35 por ciento se entera que es portadora en un estadio tardío, según los últimos datos del Boletín sobre VIH, Sida e ITS del Ministerio de Salud de la Nación. La transmisión perinatal pasó de un 4,9 por ciento en 2013, ese año nacieron 56 niños con HIV; a 5,1 por ciento, con 42 nenes positivos en 2016. Especialistas dicen que hay que mejorar los controles durante el embarazo. Y también a los hombres. 
“Siempre me cuidé con preservativo. La única excepción fue con el padre de mi hija, que me transmitió VIH. Cuando me dijeron que era portadora se me cayó el mundo. No llegué a pensar en mí: lo primero que se me vino a la mente fue mi nena”. Hoy Alejandra tiene 24. En ese momento, apenas 19 y una beba de un año y medio a la que amamantaba. Al día siguiente de confirmar su diagnóstico, le hicieron un testeo rápido a su hija. También tenía el virus.

La falta de diagnóstico y de los controles necesarios durante el embarazo lleva a que no baje en Argentina la tasa de transmisión de madre a hijo. “Se mantiene cercana al 5 por ciento en los últimos años. El objetivo es que se reduzca a menos de 2 por ciento”, explica a Clarín Miguel Pedrola, director científico para Latinoamérica y el Caribe de AHF (Aids Healthcare Foundation). Las cifras actuales indican que nace alrededor de un niño con VIH por semana.

La transmisión perinatal- detalla el Boletín de la cartera de Salud- pasó de un 4,9 por ciento en 2013, ese año nacieron 56 niños con HIV; a 5,1 por ciento, con 42 nenes positivos en 2016.

“Lo trágico es que está todo disponible pero existe un núcleo duro al que no llegamos. Hay igualdad en cuanto al derecho de acceso pero no equidad porque, por ejemplo, se le exige a la persona que esté a las 4 de la mañana para sacar un turno y no todos pueden hacerlo”, le dice a Clarín Pedro Cahn, director científico de la Fundación Huésped y ex presidente de la Sociedad Internacional de Sida.

Según el especialista, el sistema de salud debe implementar estrategias para facilitar y agilizar la asistencia. “La embarazada tiene que hacerse un examen de VIH en cada trimestre. A veces, esto no ocurre. Sería importante contar con exámenes rápidos para que las mujeres puedan chequearse en la consulta con su obstetra. En esos casos, el resultado está en 20 minutos”, sugiere Cahn y remarca que “otra clave tendría que ver con mejorar el servicio de turnos y la oferta horaria de atención. Para eso, se requiere inversión”, agrega.

“Con un tratamiento a base de antirretrovirales, el virus puede tornarse indetectable. Es decir, que la carga viral sea tan baja que no transmita el VIH ni a una pareja ni durante la gestación a su bebé”, suma Pedrola, que coincide en que hay barreras de acceso y fallas en salud. “Una de ellas tiene que ver con testear a la mujer embarazada y olvidarse de su pareja”, detalla Pedrola.

Eso le pasó a Alejandra. “Me hice un examen de VIH durante el embarazo y me dio negativo. Se ve que estaba en el período ventana o que mi pareja me trasmitió el virus después de ese análisis. Si lo hubieran chequeado a él, seguramente hubiésemos evitado que nuestra hija naciera con VIH”, cuenta la mujer que vive en una zona rural de Jujuy, cercana a Monterrico.

Alejandra se ocupó de que su hija recibiera de inmediato la medicación. Sin embargo, ella demoró más de dos años en empezar a tomarla. “A mi nena la llevé directamente al hospital pero yo tenía la obra social de mi papá y él debía hacer unos trámites para que pudiera encarar mi tratamiento. Por eso no lo arranqué. No quise contarle que tenía VIH”, relata Alejandra, que estuvo sin antirretrovirales hasta que contrajo tuberculosis y la internaron de urgencia.

Pudo superar el doble cuadro y terminó curándose de la tuberculosis y en tratamiento por el VIH. Dice que su preocupación pasa hoy por que su nena siga correctamente su terapia. “No es fácil. Las pastillas son grandes así que se las muelo y se las doy con el yogur o con un jugo. Pero no le gusta. Ya empezó a preguntar por qué las tiene que tomar. Yo le expliqué que tiene que ayudar a su cuerpo a que funcione bien”, agrega Alejandra.

Para Maira (27), que vive en Quilmes, tampoco fue fácil. Se enteró de que tenía VIH al hacerse un examen preocupacional para entrar a un trabajo como promotora en una prestadora de salud. “Me llamaron un viernes a la noche, después de sacarme sangre, para decirme que el lunes una médica quería hablar conmigo. Ya en la oficina me comunicaron que me habían dado mal los exámenes de VIH. ´¿Qué quiere decir que dieron mal?´, pregunté. ´Te dieron positivo, necesito que firmes acá, que dejes constancia de que te avisamos´, me respondieron. Cero tacto”, recuerda.

Para ese momento, ella también era mamá. “Tuve miedo, pensé que le había transmitido el virus a mis seres queridos”, cuenta. Tras el pánico y la angustia inicial, confirmó que se había infectado después de tener a su bebé por lo que el nene no era portador y su pareja, con la que usaba preservativo, no tenía el virus. “Fue un alivio enorme. Aunque estaba muy desinformada y creí que mi vida se terminaba. Por suerte, no fue así”, cuenta.

Parte de su tristeza pasaba por pensar que nunca más iba a poder ser madre. “No me animaba ni a preguntarlo. Pero mi deseo era grande y un día decidí hablarlo con mi infectóloga”, dice Maira, que siguió las indicaciones médicas y, cuatro años después del resultado positivo, logró tener una nena a la que no le transmitió el virus.

“A los que acaban de recibir el diagnóstico les recomiendo que busquen contención en pares. Es a través de las redes de personas viviendo con VIH que van a poder entender que no es el fin, aunque al principio crean eso y se choquen con el desconocimiento y la discriminación de mucha gente”, dice Maira. Y agrega: “Si se sigue bien el tratamiento, van a poder tener una buena calidad de vida y ser madres o padres sin transmitir el virus”.

Otros datos

- 6.500 personas fueron diagnosticadas con VIH en 2017
- Se estima que 122.000 personas viven en Argentina con el virus

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